Áncash fue sacudida por la corrupción y el sicariato y solo saltaron las alarmas del Estado cuando asesinaron a Ezequiel Nolasco, quien sobrevivió un ataque anterior mientras su hijo fallecía. No era el primer caso. Otros sucedieron sin demasiada repercusión por diversas razones. La violencia extrema como una de las expresiones de la corrupción sentó sus reales en Áncash.
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